Los perros son las mascotas ideales: fieles, adorables, leales y protectores del hogar y la familia. Al adoptar uno, lo integramos como un miembro más, pero ciertos hábitos humanos pueden incomodarlos, generarles miedo o tristeza. A pesar de ello, su lealtad inquebrantable hace que rara vez muestren su malestar abiertamente.
Como expertos en comportamiento canino, en unComo.com te revelamos las 10 cosas que los perros odian de los humanos. Conoce estos errores comunes y aprende a corregirlos para garantizar el bienestar de tu compañero peludo.
Los abrazos
No todos los perros rechazan los abrazos: los más afectuosos los aprecian. Sin embargo, en muchas razas, este gesto se interpreta como un intento de dominación, generando incomodidad. Aunque toleran abrazos de personas de confianza, observa señales como rigidez corporal, orejas hacia atrás o tensión facial para detectar su malestar real.
Enseña a los niños a respetar el espacio del perro, especialmente si es desconocido, previniendo mordeduras accidentales. Consulta nuestro artículo sobre los perros más cariñosos para elegir la raza ideal.
Usar demasiadas palabras y poco lenguaje corporal
Los perros, como nosotros, se frustran con instrucciones confusas. Aunque entienden palabras específicas, frases complejas como "si te portas bien te voy a premiar" solo captan fragmentos como "bien" o "premiar", generando confusión al no recibir la recompensa inmediata.
Opta por comandos simples como "bueno", "caminar" o "premio", reforzados con lenguaje corporal claro y positivo. Esta aproximación, respaldada por entrenadores profesionales, mejora la comunicación y reduce el estrés.
Gritar
Gritar es una de las cosas que los perros odian de los humanos. El refuerzo positivo es el método más efectivo para el entrenamiento, según estudios de etólogos caninos.
Los gritos provocan miedo, ansiedad o desconcierto. En su lugar, premia conductas deseadas: si roba un calcetín, ignóralo hasta que lo suelte y recompénsalo. Requiere paciencia, pero genera obediencia duradera sin trauma.
Acariciar el rostro de un perro o palmear su cabeza
Al igual que los abrazos, muchos perros toleran caricias en la cabeza o rostro solo por confianza, no por placer. Imagina a un desconocido tocándote la cara: esa invasión genera rechazo instintivo en ellos también.
Respeta su espacio personal, enseñando esta norma a niños y adultos. Los veterinarios y comportamentalistas coinciden: el respeto mutuo fortalece el vínculo.
Obligar a tu perro a interactuar con perros o personas que no sean de su agrado
Otra de las cosas que los perros odian de los humanos es forzar interacciones sociales no deseadas. Ignorar señales como gruñidos, orejas bajas o cola entre piernas puede causar estrés o agresividad.
Interpreta su lenguaje corporal —expertos lo describen como obvio— y permite que elija sus contactos. Así, evitas traumas y promueves paseos placenteros.
No dejar que olfateen el entorno
Los paseos no son solo ejercicio: olfatear es su forma principal de explorar el mundo, como nosotros usamos redes sociales para informarnos.
Apurarlos frustra esta necesidad esencial. Dale tiempo para oler; comportamentalistas confirman que reduce ansiedad y aumenta su felicidad general.
Vestirlos o colocarles accesorios
No todos los perros disfrutan disfraces o ropa; muchos los toleran por costumbre. Úsalos solo para protección invernal en razas sensibles al frío, evitando excesos que generen ansiedad o confusión por la atención extra.
Observa su reacción: si muestra incomodidad, prioriza su confort natural.
Estar de mal humor
Los perros poseen un empatía excepcional, detectando nuestro estrés, enojo o tristeza. Emociones negativas crónicas pueden contagiarlos, provocando depresión o incluso problemas físicos.
Administra tu humor lo mejor posible; actividades compartidas como paseos ayudan a ambos.
Dejarlos solos demasiado tiempo
Perros son animales de manada: la soledad prolongada causa tristeza, ansiedad o comportamientos destructivos. Si trabajas muchas horas, contrata paseadores de confianza.
Dedica tiempo diario a jugar al llegar: nada supera la compañía de su humano preferido para su bienestar emocional.
Abandonarlos en la calle o en refugios para animales
El abandono destroza emocionalmente a los perros, equivalente a ser expulsado por tus seres queridos. Evítalo siempre; si no puedes cuidarlo, busca un hogar responsable con tiempo y esfuerzo.
Refugios son temporal, pero un nuevo dueño amoroso es lo ideal para su felicidad merecida.