Los ácaros del oído provocan un malestar intenso en los gatos. Aprende a distinguirlos de otras infecciones como la candidiasis para aliviar rápidamente a tu mascota.
¿Qué son los ácaros del oído en gatos?
Los ácaros del oído son parásitos microscópicos que prosperan en entornos cálidos y húmedos, como el canal auditivo de los gatos, donde se alimentan de cerumen e irritan la piel. Esta irritación constante provoca una respuesta inflamatoria que genera secreciones. Si no se trata, puede causar sangrado y secreciones oscuras en el canal auditivo, señal de alerta de infección grave.
Los dueños deben estar atentos si su gato sale al exterior o convive con otras mascotas. Aunque no afectan a humanos, estos ácaros se transmiten fácilmente a perros, conejos y otros animales. Basta un breve contacto para que salten a una nueva huésped e inicien la infestación.
Síntomas clave de los ácaros del oído en gatos
Los síntomas se asemejan a otras infecciones óticas, pero hay indicadores específicos de ácaros que los diferencian.
El signo principal es una secreción negra o muy oscura en el canal auditivo, que puede extenderse al pabellón auricular. Esta secreción, producto de los desechos de los parásitos y la infección, emite un olor fétido. El gato se rascará intensamente las orejas, las aplastará contra la cabeza o se frotará contra superficies para aliviar la picazón o el dolor. En casos avanzados, maúlla de forma lastimera. La acumulación de cera, sangre y secreciones puede obstruir el canal, causando pérdida auditiva temporal.
Con una lupa y buena luz, podrías avistar pequeños ácaros blancos sobre el fondo oscuro. Sin embargo, los gatos suelen resistirse al examen, por lo que es esencial consultar a un veterinario.
Tratamiento recomendado
Los ácaros no desaparecen solos; requiere intervención veterinaria para diagnosticar el alcance de la infestación. En ocasiones, migran a otras zonas del cuerpo, complicando el cuadro. Los tratamientos tópicos actúan localmente, pero la rápida propagación exige precaución para evitar reinfecciones.
Una vez iniciado el tratamiento, todos los animales del hogar —perros, conejos, hurones, roedores— deben recibirlo para prevenir contagios. Sigue las indicaciones de tu veterinario con diligencia para garantizar una recuperación completa y evitar recurrencias.